El término Insuficiencia renal aguda (IRA) expresa
la disminución brusca, total o parcial, de la función
renal por cualquier causa.
1) IRA prerrenal.
2) IRA parenquimatosa.
3) IRA obstructiva.
Insuficiencia renal prerrenal. Se produce como consecuencia
de la disminución de la presión de perfusión renal
debido a un estado hipovolémico o de hipotensión
sistémico causado por reducción del gasto cardiaco, reducción
de las resistencias periféricas o ambos a la vez.
En la práctica es la forma de insuficiencia renal que se produce como complicación de deshidratación, hemorragia,
estado de shock y estados de hipovolemia efectiva
como en la insuficiencia cardiaca congestiva o la cirrosis
hepática.
Insuficiencia renal parenquimatosa. Puede ser debida
a diversos tipos de enfermedades que afectan a las
estructuras celulares renales:
1) Vascular
1.1) Macrovascular: por oclusión trombótica o embólica
de las arterias renales pincipales, bien de
forma bilateral, bien de forma unilateral, si hay
un único riñón funcionante.
1.2) Microvascular: por afección de la circulación
intrarrenal. Las formas más frecuentes son las
vasculitis sistémicas, la hipertensión arterial
maligna, la nefropatía de la esclerodermia, la
eclampsia y la nefropatía ateroembólica.
2) Tubular
El sustrato anatomopatológico es una necrosis de las
células tubulares renales de origen isquémico o nefrotóxico.
Las formas graves o persistentes de hipoperfusión
renal tras una fase inicial de insuficiencia
renal funcional, acaban desarrollando una necrosis
tubular aguda y una IRA establecida. Las causas nefrotóxicas
incluyen la exposición de las células tubulares
a nefrotóxicos endógenos o exógenos. Entre
los primeros cabe destacar la hemoglobinuria, la
mioglobinuria, el ácido úrico, la hipercalcemia o la excreción
aumentada de cadenas proteicas ligeras.
Entre los nefrotóxicos exógenos, que son con diferencia
los más frecuentes, cabe destacar le exposición
a contrastes radiológicos y a un gran nú-
mero de fármacos. Se sabe que algunos fármacos
están relacionados con la aparición de nefropatías,
ya sea por su nefrotoxicidad intrínseca o por otro
tipo de causas como la hipersensibilidad. En el
primer caso, la intensidad de los efectos es, normalmente,
dosis dependiente. La relación existente
entre la administración de ciertos antibióticos
y la aparición de lesiones renales está bien
documentada. La administración de dosis elevadas
o tratamientos prolongados de aminoglucósidos
o de polimixinas, especialmente en pacientes
con insuficiencia renal, se ha relacionado
con lesión del túbulo contorneado proximal. Este
efecto también se ha observado cuando se administran
conjuntamente antibióticos del grupo
de las cefalosporinas. La administración simultánea de furosemida puede dar lugar a necrosis tubular
aguda. Especialmente capaces de producir lesiones
renales se encuentran la kanamicina, la polimixina
B y la colistina. Algunos autores han atribuido a
la tobramicina una menor toxicidad renal que a la
gentamicina. Sin embargo, estudios multicéntricos
exhaustivos con una muestra muy amplia de
pacientes no han revelado diferencias estadísticamente
significativas entre dosificaciones correctas
y controladas de ambos. El empleo concomitante
de vancomicina, cisplatino, ciclosporina o
forcarnet, entre otros, puede acelerar o complicar
la toxicidad atribuible a los aminoglucósidos.
Las cefalosporinas se han asociado con fenómenos
de toxicidad renal, especialmente en el caso de la
cefaloridina y la cefalotina. Aunque esta toxicidad
parece afectar principalmente a pacientes con un
funcionalismo renal disminuido, o a aquellos a los
que se les administran conjuntamente aminoglucósidos
y diuréticos potentes.
La uropatía obstructiva es una de las formas reversibles
más comunes de IRA. Se traduce en una anuria
completa o en diuresis con volúmenes oscilantes, si la
obstrucción es episódica. Puede deberse a la obstrucción
de la vía común o a la obstrucción unilateral en
presencia de un riñón único funcionante.
La IRA presenta, desde el punto de vista clínico, la fase
oligúrica y la fase poliúrica o diurética. La fase oligúrica
se caracteriza habitualmente por anuria u oligoanuria
con volúmenes inferiores a 400 ml/24h, situación que
suele durar unos 7-15 días. Si el aporte de sodio es excesivo
tiene lugar hidratación global con aparición de
edemas, por lo que será importante practicar un control
diario de peso del paciente. En este estado existen
riesgos de sobrecarga ventricular y pulmonar. Son frecuentes
las hemorragias digestivas altas secundarias al
estrés.
Biológicamente es de resaltar la elevación de la retención
uréica que puede alcanzar los 0,5-1 g diarios, así
como otros residuos nitrogenados como el ácido úrico.
La elevación de la creatinina es más lenta ya que su producción
es regular. El aumento de estos componentes nitrogenados
está en relación con el grado de catabolismo
protéico. Por lo general suele existir hiponatremia,
hiperpotasemia y acidosis metabólica.
La reanudación de la diuresis marca el comienzo de
una mejora clínica, con poliurias que pueden alcanzar
hasta 5 litros, constituyendo un periodo sumamente difícil
para el control hidroelectrolítico. Sin embargo las
formas con diuresis conservada son las más frecuentes,
incluso las no detectables clínicamente (aminoglucósidos).
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