El síndrome nefrótico se caracteriza por cuatro
elementos clínicos: proteinuria importante (superior
a 3 g /24 horas), hipoproteinemia-hipoalbuminemia,
edemas y finalmente, hiperlipemia. Los dos
primeros elementos son criterios obligados mientras
que los otros dos son facultativos.
En la etiología del síndrome nefrótico están
presentes gran parte de las enfermedades renales
primitivas e incluso diversas enfermedades sisté-
micas pueden estar asociadas al mismo. También
puede ser consecuencia de una reacción adversa a
algún fármaco
Síntomas clínicos
Proteinuria: es el elemento diagnóstico más importante,
siendo la albúmina la fracción principal de esta
proteinuria. Las pérdidas protéicas suelen situarse entre
5-10 g en 24 horas pudiendo llegar a valores de
hasta 40 g diarios.
Hipoproteinemia-hipoalbuminemia: numerosos estudios
han demostrado que la síntesis protéica corporal
es normal e incluso elevada, por lo tanto la hipoproteinemia
es una consecuencia directa de las
grandes pérdidas protéicas.
Hiperlipemia: se ha demostrado que existe una relación
inversa entre la concentración de albúmina
plasmática y las concentraciones de colesterol y triglicéridos.
Esta circunstancia explica la hiperlipemia en el síndrome nefrótico. Por otra parte la hiperlipemia
parece ser la causa de una mayor incidencia
de cardiopatía en pacientes afectos de síndrome
nefrótico.
Edema: es, a su vez, la consecuencia de la proteinuria
y la hipoproteinemia. Debido a la disminución de la
presión oncótica del plasma tiene lugar un aumento
del volumen intersticial. La disminución del volumen
plasmático es de un 20 - 30 % respecto al volumen
normal, lo cual determina la disminución del flujo
sanguíneo renal y, en consecuencia, provoca un hiperaldosteronismo
secundario, retención de sal y agua y
deplección de potasio. Todos estos factores contribuyen
a la aparición de edemas.
Complicaciones
Tromboembolismo: la trombosis, tanto arterial como
venosa, es frecuente en el síndrome nefrótico, siendo
complicaciones bien conocidas las tromboflebitis superficiales,
la embolia pulmonar, la trombosis de la vena
renal y la trombosis pulmonar. Dentro de los factores
predisponentes al tromboembolismo estarían la
hipovolemia y hemoconcentración, así como las alteraciones
de los factores de coagulación.
Complicaciones infecciosas: la pérdida urinaria de inmunoglobulinas
puede favorecer la susceptibilidad a las
infecciones.
Aterosclerosis acelerada: la aterosclerosis acelerada es
secundaria al transtorno lipídico que ya se ha descrito
previamente.
La pérdida de distintas proteínas plasmáticas puede
inducir transtornos secundarios importantes, como
por ejemplo, el déficit de proteína transportadora del
colecalciferol da lugar a un déficit vitamínico con la
consiguiente osteomalacia. El déficit de transferrina
da lugar a una anemia hipocrómica macrocítica. Por último,
son de destacar los estados de malnutrición proteica
grave.
Tratamiento
El tratamiento del síndrome nefrótico comprende
medidas terapéuticas generales, orientadas al tratamiento
de las complicaciones asociadas al síndrome
nefrótico, y el tratamiento específico, en función de
las causas del síndrome nefrótico.
Como norma general, se aconseja seguir una dieta
con bajo contenido en sodio, con un contenido en
proteínas de 1 a 1,5 gramos/kg de peso y día.
La hiperlipidemia debe ser tratada en los casos de
síndrome nefrótico persistente. En la actualidad, los
fármacos de primera elección para el tratamiento de
la dislipemia asociada a al nefrótico son las estatinas. Los
inhibidores de la HMG-CoA-reductasa (simvastatina,
atorvastatina) reducen de forma notoria el colesterolLDL,
con lo que se constituyen en el tratamiento de
elección en monoterapia. En los casos concretos de
dislipemias mixtas muy graves que no responden adecuadamente
a estatinas, puede considerarse la posibilidad
de asociar dosis bajas de gemfibrozilo. En el caso
del gemfibrocilo debe tenerse en cuenta que al
aumentar la aumentar la fracción libre plasmática por
la hipoalbuminemia, la dosis debe reducirse al menos
un 50% para minimizar la toxicidad. En los enfermos
tratados con esta asociación deben extremarse los
controles y prestarse especial atención a las posibles
enfermedades concomitantes e interacciones farmacológicas
con otros tratamientos que reciba el enfermo
a fin de evitar la aparición de toxicidad muscular. No
obstante, el empleo a largo plazo de estatinas no está
contrastado en este tipo de pacientes y, como se ha
mencionado, su uso se ha asociado también a miopatías
y rabdomiolisis.
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