consecuencia de una serie de enfermedades renales
progresivas crónicas que afecten al parénquima renal o
que obstruyan el sistema excretor, se origina una situación
en la cual los riñones sufren una pérdida progresiva e
irreversible de nefronas funcionales (glomérulos y tú-
bulos).
Los síntomas no suelen ser apreciables hasta que se
ha perdido un 80-90% de la función renal por lo que el
paciente, a menudo, no advierte la enfermedad hasta
que se ha producido una insuficiencia renal grave. Son características
fundamentales un aumento del BUN y de la
creatinina sérica así como, en la mayor parte de los casos,
una disminución del tamaño de los riñones que adoptan
un aspecto contraído.
El cuadro patológico y la velocidad de progresión
(meses a años), varían en función de la causa de la insuficiencia
renal y de la presencia de factores complicantes.
Las consecuencias de la reducción del número de nefronas
funcionales son amplias e importantes.
Transtornos hidroelectrolíticos: al reducirse el número
de nefronas existe una mayor carga de solutos para
las todavía funcionantes, esto determina una diuresis osmótica
a la que se suma la incapacidad para concentrar
o diluir la orina. En estas circunstancias puede producirse
una deshidratación.
Debido a las alteraciones de la excreción y reabsorción
de electrolitos, se producen alteraciones en las
concentraciones séricas de los mismos. Así, el potasio,
el fosfato y el sulfato aumentan su concentración,
mientras que la concentración de calcio
disminuye. Se presenta también acidosis cuya intensidad
se refleja en el descenso del bicarbonato y
del pH plasmáticos.
Como consecuencia de la falta de hidroxilación renal
del 25-OH-colecalciferol, se producen alteraciones
complejas en el metabolismo del calcio y en la secreción
de hormona paratiroidea que, asociadas a la retención
de fosfato dan lugar a la aparición de osteodistrofia
renal en sus distintas formas clínicas.
– Hipertensión: constituye un transtorno frecuente en la
uremia, a menudo consecuencia de la expansión del
volumen extracelular.
Retención de nitrógeno: como consecuencia de la reducción
de la depuración se presentan valores elevados
de BUN, de creatinina sérica y de urato.
Anemia: la anemia que se observa en los enfermos
con IRC es habitualmente normocítica y normocró-
mica y de origen multifactorial. El factor fundamental
es, sin lugar a dudas, la reducción en la producción de
eritrocitos debido a una menor producción renal de
rHuEPO. Sin embargo, con frecuencia coexisten
otras causas como la ferropenia, el bloqueo medular del
hierro en el contexto de un síndrome inflamatorio
crónico o la hemólisis, factores que siempre deben ser
analizados antes de concluir que la anemia se debe exclusivamente
al déficit de rHuEPO.
Transtornos digestivos: los enfermos con IRC presentan
una incidencia de hemorragia disgestiva superior
a la de la población general, y deben ser conside-rados como población de alto riesgo de sufrir hemorragia
digestiva durante el tratamiento con antiinflmatorios
no estreroideos. El empleo de resinas de intercambio
iónico para el tratamiento de la
hiperpotasemia se asocia, con frecuencia, a estreñimiento
crónico. Cuando el filtrado glomerular desciende,
los trastornos digestivos en forma de náuseas,
vómitos o inapetencia son frecuentes.
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